Tipos de relaciones de pareja

Desde que somos pequeños estamos expuestos a diferentes modelos de pareja que pueden resultar más o menos indicados desde el punto de vista terapéutico. Dependiendo de la cultura a la que pertenezcamos, el modelo de relación que hayan tenido nuestros padres u otras parejas significativas para nosotros, habrá más posibilidades de que en la actualidad tengamos con nuestra pareja un tipo u otro de relación. Para identificar cómo es nuestro modelo de relación, es importante conocer e identificar los diferentes tipos que existen:

El modelo de la Media Naranja procede del mito del amor romántico en que ambos miembros de la pareja son una mitad de una misma unidad, es decir, se complementan formando un todo completo y perfecto. Lo que le falta a uno se lo ofrece el otro y viceversa. Este tipo de pareja es el ideal y promocionado en el cine, en las canciones y en las novelas románticas, y es el típico del enamoramiento. Se ve a la otra persona de una manera idealizada, perfecta, como lo que siempre habíamos estado esperando que llegara a nuestra vida para llenar nuestros huecos y hacernos felices. El problema surge cuando con el paso del tiempo empezamos a ver a la persona de la que nos hemos enamorado con sus fallos y defectos, con su cara B y no somos capaces de conciliar esta nueva imagen más realista con las expectativas que teníamos de “amor perfecto” Si no somos capaces de aceptar que la pareja es una persona independiente a nosotros, que no tiene el deber de completarnos y de hacernos felices (de eso nos tenemos que encargar nosotros mismos) y que habrá cosas en las que quizá no coincidamos e incluso discrepemos, es bastante probable que se piense erróneamente que no hay amor o que no están hechos el uno para el otro. El mito de la media naranja resulta insano porque en primer lugar favorece y mantiene expectativas sobre la pareja y la relación poco realistas ya que la pareja/relación ideal desde este punto de vista no existe. Además, cuando cada cual expresa opiniones, gustos, intereses o maneras de actuar que no están en sintonía con lo que la pareja (o la relación) espera de él o ella, es probable que aparezcan exigencias por parte del otro/a que pueden dar lugar a su vez a sentimientos de enfado o frustración porque el otro “ya no me quiere, sino haría o sentiría esto o lo otro por mí…”. Si no se resuelven estas expectativas es muy probable que la relación de pareja se acabe deteriorando y rompiendo y se siga buscando a la media naranja en futuras relaciones.

Otro modelo cultural frecuente es el inclusivo, donde uno de los integrantes de la pareja asume los gustos, expectativas y proyectos del otro. El conflicto aparecería cuando uno (o los dos) está insatisfecho/a con el rol asignado, o no puede hacer lo que les gusta, o aparecen sentimientos de agobio o de falta de libertad. A menudo en este tipo de relación uno suele ser más dominante que el otro, suele llevar más la iniciativa y tener más responsabilidad en que todo vaya bien en la relación, mientras que la otra persona suele ser la sumisa, que asume las directrices o las dinámicas ya establecidas en la relación, le cuesta poner límites y muchas veces cede por no crear conflicto. Dentro de este tipo de relación se enmarcaría la tipología tradicional de género y la tipología a la inversa de género donde los roles de la pareja están muy marcados por el género. En la pareja tradicional de género habitualmente ella se encarga de los roles domésticos de cuidado de la familia y el hogar y él trabaja, asumiendo toda la responsabilidad de aportar a la economía familiar. En este tipo de relación, la mujer renuncia a su individualidad para incluirse en el proyecto del hombre y se dedica a su rol de madre-esposa. Por el contrario, en la pareja a la inversa de la tradicional, ella es la figura dominante y él adopta el papel llamado en esta sociedad como “calzonazos”, que está muy castigado socialmente pero que sin embargo es lo que se ha esperado de la mujer tradicionalmente. En todos estos modelos de relación inclusiva, el problema reside cuando uno de los dos se cansa de su rol y desea o necesita cambiar ciertos aspectos para estar a gusto consigo misma, con la pareja o con la relación. En este momento, la pareja ha de ser lo suficientemente madura y flexible para negociar nuevas condiciones, sino se producirá un conflicto que podrá terminar con la relación.

También existe el modelo de pareja abierta que, aunque compartan alguna cosa hay mucha individualidad, haciendo la vida cotidiana sin la otra persona, con distancia afectiva y no se conocen mucho como pareja. Son dos personas que hacen algunas cosas juntas pero no hay proyectos en común. El riesgo reside aquí en que puede suceder que llegue un momento en que sean más las cosas que separan o mantienen la distancia que las que unen.

Por último estaría el modelo equilibrado de pareja que desde el punto de vista terapéutico es el objetivo a conseguir. En este tipo de pareja cada parte es independiente, ambos conservan su individualidad y mantienen una parte de su vida para sí mismos a la vez que comparten un espacio común de intimidad, seguridad afectiva, sexualidad, compromiso y proyectos en común. Es un modelo que se basa en el respeto hacia las diferencias del otro y donde ambos colaboran para resolver los conflictos o desajustes de la pareja, viviéndolos como oportunidades para conocerse más. En este sentido, los desacuerdos se negocian y se llegan a pactos que favorezcan que ambos estén a gusto con la situación y en el mejor de los casos, felices con las soluciones encontradas.

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