Celos, esa loca (y horrible) sensación

Los celos están definidos como «sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra». ¿Quién no ha sentido celos alguna vez? Me atrevería a afirmar que la mayoría de las personas han podido experimentarlo aunque sea de pasada, alguna vez en su vida.

¿Por qué aparecen los celos? seguramente casi todo el mundo se habrá dado cuenta de que los celos aparecen cuando estamos ante situaciones en las cuales percibimos una amenaza con respecto a la persona que nos gusta o queremos. Es decir, ante la idea de perder a esa persona, se activa un mecanismo de pensamientos, sensaciones físicas y de conductas para intentar neutralizar esas respuestas fisiológicas desagradables, como por ejemplo alejar a la persona amada de aquello que consideramos una amenaza. Conocer este mecanismo, esta anatomía de los celos, nos ayudará a entender y comprender este fenómeno tan destructivo para la relación de pareja y por tanto, a minimizar la posibilidad de que aparezca.

En primer lugar tenemos la SITUACIÓN DISPARADORA, aquella situación que hace que se desencadene el mecanismo. Esta situación puede ser observable (ver a mi pareja hablando con otra persona que yo considero atractiva, ver que le llega un mensaje al móvil, ver una foto de su ex, etc) o también puede ser un pensamiento o recuerdo.

Después de esta situación disparadora aparece la OBSESIÓN, es decir los pensamientos celosos, la película que cada cual se monta en su cabeza (“le gusta esta persona”, “seguro que en realidad querría estar con él o ella y se conforma conmigo”, “yo nunca seré tan importante como su ex”, etc.). En muchas ocasiones la obsesión es un proceso automático e involuntario. La persona a menudo no elige tener ese pensamiento, puede aparecer en contra de su propia voluntad. Incluso cuando la persona no está en pleno proceso obsesivo puede reconocer los pensamientos celosos como irracionales, poco reales y absurdos. Aquí hay que matizar que hay personas que tienen mayor vulnerabilidad psicológica a tener este tipo de pensamientos. Normalmente se asocia a personas con tendencia a darle muchas vueltas a las cosas, también a personas con baja autoestima, inseguras, con esquemas muy rígidos del tipo “las mujeres o los hombres son infieles por naturaleza”. También va a existir mayor vulnerabilidad en personas que hayan tenido una experiencia pasada de infidelidad o la hayan experimentado muy de cerca (por ejemplo que les pasara a sus padres, a su mejor amigo/a, etc).

A continuación aparecería el MALESTAR, entendido este como reacciones emocionales y fisiológicas provocadas por estos pensamientos obsesivos. Suele manifestarse en forma de ansiedad. La ansiedad es una respuesta adaptativa que nos ayuda a actuar en una situación que nos resulta peligrosa o amenazante, ya sea atacando o huyendo. El problema es cuando sentimos esa ansiedad en situaciones que objetivamente no son peligrosas, sino que interpretamos que lo son debido a nuestros esquemas e inseguridades. En los celos obsesivos se ha aprendido a conceptualizar como peligrosas situaciones que no lo son. En consecuencia, nuestro organismo hace su trabajo y provoca esa reacción física desagradable e incómoda que llamamos ansiedad, miedo o nerviosismo, y que nos obliga a buscar una solución para estar a salvo. Estas sensaciones de ansiedad (un nudo en el estómago, sudor frío, dificultades para respirar, hormigueo en las extremidades, taquicardia, etc.) no son peligrosas, ya que quiere decir que el cuerpo está respondiendo adecuadamente al peligro percibido. El foco aquí tenemos que ponerlo en cuándo y porqué las notas, en porqué estás percibiendo como amenazante una situación que puede ser neutra o incluso positiva. En este caso, también existe una vulnerabilidad fisiológica, es decir, personas que van a ser más propensas a que estas respuestas emocionales aparezcan o que van a tolerar menos el hecho de que se den estas reacciones físicas.

Por último estarían las COMPULSIONES O CONDUCTAS DE NEUTRALIZACIÓN Cuando una persona está teniendo pensamientos obsesivos y sufriendo dolor emocional, tiene que hacer algo para sentirse mejor. La persona va desarrollando estrategias para neutralizar o bloquear los malos momentos por los que atraviesan, por ejemplo: montar un numerito de celos porque mi pareja hable con otra persona, registrarle el móvil o su cartera en busca de “pruebas”, entrar en sus redes sociales, espiar, prohibirle hacer ciertas cosas o salir con determinadas personas, mostrase distante cuando ve alguna cosa que no le gusta o molestarse si en una conversación surge el nombre de su expareja. Estas conductas de neutralización provocan una rápida y potente sensación de alivio y de alguna manera, la idea con la que se queda la persona es que aquello funciona, que le hace bien. A este proceso se le llama “la trampa de la ansiedad” puesto que provoca que se refuercen los celos obsesivos y se cree un círculo vicioso del cual es cada vez más difícil salir.

Por tanto, y a modo de pinceladas, aquí os dejo algunos consejos para prevenir los celos patológicos.

1. Ser consciente de este mecanismo e interiorizar que las conductas que hago para neutralizar mi malestar no son adecuadas y que muy al contrario mantienen el problema. Si tenemos

celos, lo mejor es aguantarnos las ganas de montar un numerito, dejar de controlar a mi pareja y de buscar evidencias de que puede haber una infidelidad. De esta manera lograremos romper este círculo vicioso y podremos empezar a replantearnos la situación de otra manera.

2. Averiguar de dónde vienen mis inseguridades y mis miedos, reflexionar sobre qué me hace sentirme así y poner la atención no tanto en controlar a mi pareja o “evitar” una infidelidad, sino en trabajar para que mi relación sea más rica y exitosa. En este punto, os animo a echarle un vistazo a los tipos de apego en las relaciones adultas, os ayudará a entender y revisar vuestra conducta, así como la de vuestra pareja. También podemos preguntarnos qué es lo que creo que me falta a mí para considerar al otro o la otra como una amenaza. Poner la energía en trabajar yo para ser mejor persona y crecer en vez de ponerla en “eliminar” a todo aquel que rodee a mi pareja.

3. Hablar con mi pareja, comunicarle cómo me siento pero sin esperar que ella participe en mi comportamiento irracional. Lo peor que puede hacer tu pareja es jugar a los “anticelos”, es decir, dejar de hacer cosas o disculparse (directa o indirectamente) por tus enfados irracionales. Lo ideal es que se hablen las cosas desde la comprensión y la empatía y se establezcan por parte de ambas partes, límites razonables y sanos para la relación.

4. Evitar el razonamiento emocional. Es decir, el hecho de que yo me sienta mal no es una prueba de que realmente haya algo de lo que preocuparme. Hay que entender y distinguir mi pensamiento obsesivo de la realidad. Que se me pase por la cabeza no signifique que sea real.

Por supuesto, los celos patológicos suelen ser un problema bastante complejo y cada caso es diferente al resto por lo que si consideras que los celos están siendo un problema en tu relación lo mejor es que comiences a hacer terapia psicológica o de pareja y lo soluciones cuanto antes puesto que más pronto que tarde la relación se desgasta muchísimo y puede llegarse a romper.

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