La importancia del «egoísmo sano» en las relaciones sexuales

Aunque estamos en un momento de revolución social, económica, ideológica y sexual, actualmente los roles tradicionales de género se siguen repitiendo más de lo deseable. Las creencias limitantes sobre cómo debería de ser el sexo se asumen en muchos casos como verdades absolutas y condicionan sobremanera el encuentro sexual. La mayoría de las personas han naturalizado de tal forma lo que se espera de ellas, que cuando empiezan a venir los problemas o dificultades sexuales, pareciera que son fruto del azar y no de lo que trasciende de fondo. Para el sano desarrollo de nuestra sexualidad es necesario hacer una revisión de estas ideas erróneas, a la par que nos liberamos de estas exigencias y nos responsabilizamos de nuestro propio placer.

Cada momento histórico-cultural lleva implícito unas creencias, valores o actitudes en torno al sexo que favorecen la creación de una serie de mitos o ideas rígidas que no son para nada beneficiosas a la hora de vivir nuestra sexualidad. Conforme el movimiento feminista va tomando fuerza, comienza a producirse el reconocimiento de la sexualidad femenina, percibiendo a la mujer como sujeto activo que disfruta de su sexualidad, cultivándola y practicándola. Esto supuso que en las relaciones heterosexuales (me centraré principalmente en relaciones hetero ya que son en éstas donde se observan estos roles de forma más acusada), al contrario de lo que venía sucediendo con anterioridad, el hombre comenzara a tener en cuenta a su pareja sexual y a preocuparse por hacerle pasar un buen rato. “No hay mujeres frígidas sino hombres inexpertos”. Esta frase, atribuida al Dr. Gregorio Marañón, representa uno de los mitos más extendidos sobre la sexualidad femenina y masculina. Y es que, si bien quizá pretendía ser una reivindicación del placer sexual femenino, tan ignorado y ninguneado en aquella época, en la actualidad, esta afirmación perpetúa la tradicional diferenciación de roles sexuales donde el varón es la figura experta, activa y con iniciativa y la mujer es ese ser pasivo y aletargado que espera a ser despertado por su hábil compañero.

No es de extrañar que, a partir de entonces, algunos hombres asistan al encuentro sexual con la (auto)exigencia de que su pareja disfrute y llegue al orgasmo, asumiendo toda la responsabilidad de que la interacción sexual sea un éxito: si ella no disfruta, la causa está en el varón que es inexperto y/o poco hábil, si por el contrario ella llega a un orgasmo, es el hombre de nuevo quien asume la responsabilidad y el mérito debido a su buen desempeño sexual.

Para que la autoestima y el autoconcepto del hombre no se vean dañados, además de tener que ser un profundo conocedor de la materia, debe tener una buena erección, no eyacular muy pronto (ni tampoco muy tarde) y, a ser posible, tener un pene por encima de la media para cortejar a su pareja cual ave del paraíso mostrando sus plumas. Además, este planteamiento puede provocar que se adquiera el «rol del espectador», lo cual significa que durante la relación esté más pendiente de que todo salga bien y su desempeño sea el «correcto» que de su propio disfrute personal. Si no consigue que su pareja llegue al orgasmo, se preocupa y angustia y es entonces cuando se empiezan a gestar algunas disfunciones sexuales. El hombre interioriza que sin una buena erección y sin el tiempo adecuado manteniéndola, no se puede realizar un coito satisfactorio para ambos miembros de la pareja. Por lo cual, la exigencia de una buena erección puede conllevar problemas erectivos y la exigencia de retrasar la eyaculación lo máximo posible puede generar un problema de control de la eyaculación (o muy rápida o incluso incapacidad de eyacular). Visto así, pareciera que más que a pasar un buen y despreocupado rato donde disfrutar y dejarse llevar, estuviese asistiendo a un examen en el cual tuviera que cumplir con lo que se espera de él, con el estrés que esto conlleva.

En el caso de las mujeres tampoco el escenario es mucho más halagüeño. Se asume que el hombre será el encargado de hacerla disfrutar y “despertarla” sexualmente hablando, propiciando que asuma un rol pasivo y que no se preocupe por entender el propio funcionamiento de su cuerpo, ni por descubrir lo que le genera realmente placer. La masturbación femenina ha sido uno de los grandes tabúes relacionados con el sexo y hasta hace muy poco las mujeres jamás hubieran confesado que se masturbaban con la misma o más alegría que los hombres (un aplauso para el Satisfyer cuyo éxito ha visibilizado que las mujeres también tienen el derecho a masturbarse sin sentir pudor ni vergüenza). Este desconocimiento y pasividad por parte de las féminas también pasa factura y suele acarrear falta de deseo, dificultades para excitarse o tener orgasmos, entre otras cosas. Cuando una mujer se responsabiliza de su propio placer y aprende a comunicar sus preferencias a su pareja en vez de lamentarse en silencio o fingir cuando algo no le gusta, no culpa al otro (o a la vida) de su mala suerte en el sexo. Muy al contrario, se convierte en una parte activa de la solución al posible problema, adquiriendo más seguridad en sí misma y en su desempeño sexual.

Practicar un egoísmo sano hace que nos centremos en nuestro placer, que liberemos al otro del rol que le ha tocado representar, favorece que nos demos permiso para disfrutar, estando presentes en el acto sexual y no en lo que se espera de nosotros. Y cuando decimos “egoísmo sano” quiere decir que se mantiene una actitud sana y positiva. No se trata de que cada uno vaya a lo suyo sin importar cómo se lo está pasando la pareja sexual. Se trata de un sexo respetuoso, comunicativo, donde cada cual expresa asertivamente (esto es, sin exigencias ni dobles mensajes) sus preferencias a la vez que se preocupa del bienestar del otro pero sin convertirlo en su responsabilidad. Esta concepción, además de favorecer directamente a la persona que decide ponerlo en práctica, aumenta la probabilidad de que la relación sexual sea un éxito ya que ambos toman responsabilidad en su propio disfrute, liberándose a sí misma y al otro/a de exigencias, miedos, e inseguridades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Necesitas ayuda?

Si buscas un psicólogo o sientes que necesitas ayuda no lo dudes y ponte en contacto conmigo. Estaré encantada de ayudarte y escucharte.

Contacta ahora